lunes, 16 de febrero de 2015
sábado, 14 de febrero de 2015
Afrodita esta mañana, historia de una bailarina
Era un día más para Afrodita, la dueña de una academia de baile. Sus deliciosos y delicados movimientos le hacían honor a su nombre, realmente era una diosa, la diosa de la danza. Su disciplina y constancia la hacían mejor cada día.
Esta mañana lucía su traje negro de licra, completamente pegado al cuerpo, y una falda color lila que complementaba con sus accesorios: moñera, calentadoras y medias, yo como su alumno fiel, siempre llegaba temprano, verla prepararse era un deleite.
Se puso frente a la barra e inició su respectivo calentamiento para comenzar la clase. Su cabello negro azabache era recogido con varias vueltas y era ocultado por su moña, lo que dejaba ver la finura de su cuello largo, dignos de una figura estilizada y firme; la elegancia de su presencia era suficiente para que esta diosa del baile no pasase inadvertida ante la mirada de hombres y mujeres.
Lo ajustado de su maya dejaba ver unos exuberantes pechos que a la vista parecían suelos suaves y arcillosos ávidos de ser amasados. “Las curvas de sus caderas, le deben dar un porte magnífico para cuando baile Danza Árabe”, pensé, me saboreaba la boca nada más de imaginarlo. Y ni hablar de sus ojos, negros y oscuros como la noche, penetrantes como el café de aquella mañana y profundos como el universo, era perfecta.
Al iniciar su clase, no podía evitar quedarme ahí, detenido en el tiempo, mis ojos y mi cuerpo quedaban estáticos, verla levantar los brazos de una segunda posición con tanto estilo, para girar primero la cabeza y luego el cuerpo, emanaba pasión, en un simple movimiento, era una intérprete de la danza, todos los movimientos, desde los más estilizados de la Danza Nacionalista, hasta los más urbanos del Hip-Hop, así como los tradicionales del Joropo Recio le sentaban muy bien, para mí era inevitable no ser regañado más de una vez en la clase mientras me quedaba embobado viéndola bailar.
Su energía era impresionante aquella mañana de ensayo general, los Diablos de Yare, su carácter, sus movimientos ágiles, el rojo del traje también le quedaba bien, resaltaba el blanco, puro y virginal color de su piel que era suave como la porcelana, era mi muñeca, mi muñeca danzarina.
Al verla bailar flamenco, enloquecí más de lo normal, durante aquel pequeño descanso ella se mantuvo activa, yo me senté a un lado para verle, junto a los demás, se puso sus zapatos de puntilla y su falda de lunares, con una flor que adornaba su negra cabellera, empezó a bailar los Tangos de Málaga, la emotividad que despertó en todos los presentes, la pasión, la energía, el “duende” que nos transmitió a todos los alumnos, hizo que nos levantáramos de donde estábamos para acompañarle en jaleos, palmas y uno que otro zapateo.
Me imaginé bailando junto a ella, haciéndole lances o pases cual torero al toro, nutriéndome de su energía y yo dándole mi alegría. Un regaño al aire se hizo presente, otra vez me había quedado paralizado viéndola bailar, pero ¿cómo? era inevitable no ver a mi Afrodita esta mañana.
Esta mañana lucía su traje negro de licra, completamente pegado al cuerpo, y una falda color lila que complementaba con sus accesorios: moñera, calentadoras y medias, yo como su alumno fiel, siempre llegaba temprano, verla prepararse era un deleite.
Se puso frente a la barra e inició su respectivo calentamiento para comenzar la clase. Su cabello negro azabache era recogido con varias vueltas y era ocultado por su moña, lo que dejaba ver la finura de su cuello largo, dignos de una figura estilizada y firme; la elegancia de su presencia era suficiente para que esta diosa del baile no pasase inadvertida ante la mirada de hombres y mujeres.
Lo ajustado de su maya dejaba ver unos exuberantes pechos que a la vista parecían suelos suaves y arcillosos ávidos de ser amasados. “Las curvas de sus caderas, le deben dar un porte magnífico para cuando baile Danza Árabe”, pensé, me saboreaba la boca nada más de imaginarlo. Y ni hablar de sus ojos, negros y oscuros como la noche, penetrantes como el café de aquella mañana y profundos como el universo, era perfecta.Al iniciar su clase, no podía evitar quedarme ahí, detenido en el tiempo, mis ojos y mi cuerpo quedaban estáticos, verla levantar los brazos de una segunda posición con tanto estilo, para girar primero la cabeza y luego el cuerpo, emanaba pasión, en un simple movimiento, era una intérprete de la danza, todos los movimientos, desde los más estilizados de la Danza Nacionalista, hasta los más urbanos del Hip-Hop, así como los tradicionales del Joropo Recio le sentaban muy bien, para mí era inevitable no ser regañado más de una vez en la clase mientras me quedaba embobado viéndola bailar.
Su energía era impresionante aquella mañana de ensayo general, los Diablos de Yare, su carácter, sus movimientos ágiles, el rojo del traje también le quedaba bien, resaltaba el blanco, puro y virginal color de su piel que era suave como la porcelana, era mi muñeca, mi muñeca danzarina.
Al verla bailar flamenco, enloquecí más de lo normal, durante aquel pequeño descanso ella se mantuvo activa, yo me senté a un lado para verle, junto a los demás, se puso sus zapatos de puntilla y su falda de lunares, con una flor que adornaba su negra cabellera, empezó a bailar los Tangos de Málaga, la emotividad que despertó en todos los presentes, la pasión, la energía, el “duende” que nos transmitió a todos los alumnos, hizo que nos levantáramos de donde estábamos para acompañarle en jaleos, palmas y uno que otro zapateo.
Me imaginé bailando junto a ella, haciéndole lances o pases cual torero al toro, nutriéndome de su energía y yo dándole mi alegría. Un regaño al aire se hizo presente, otra vez me había quedado paralizado viéndola bailar, pero ¿cómo? era inevitable no ver a mi Afrodita esta mañana.
Madurez en el amor (reflexión)
Nadie desea enamorarse para que después la persona amada se vaya con otra o para que deje de retribuir ese amor. Nadie se casa esperando que el matrimonio dure un tiempo solamente para luego separarse. Pero estas situaciones ocurren a menudo en la vida. Por motivos que podemos justificar o no, la otra persona puede dejar de querernos.

Si se han compartido muchos momentos de felicidad, la pérdida de la persona amada es devastadora.
Muchas personas intentan a cualquier precio recuperar a la persona amada. Esto puede conducir a humillaciones y a menoscabo de sí mismo. Este tipo de comportamiento no sólo consigue recuperar a la persona, sino que muy por el contrario, la aleja más todavía. Es posible que vuelva temporalmente, pero casi con toda seguridad volverá a irse después de provocar más sufrimiento todavía.
Para que una relación sea madura, estable y constructiva, ambos deben desear libremente tenerla.
Ante situaciones de alejamiento o separación hay solamente dos alternativas. Seguir humillándose o tratar de rehacer la vida.
La mayor felicidad está en tener a alguien a quien amar, antes que ser amado. Como ambos sucesos de dan simultáneamente, hay confusión en esto. Se piensa: “soy feliz porque el/ella me quiere”. Pero en realidad, debería decir: “soy feliz porque tengo a quien amar”. Darse cuenta de esto es un paso para la sanación. Es posible que sea difícil que alguien me quiera, pero hay en el mundo más de seis mil millones de personas que necesitan que las amen
Así pues, es conveniente buscar actividades en las cuales puedas volcar tu amor hacia la comunidad, hacia otras personas. Seguramente tienes cualidades, talentos y dones que puedes compartir con los demás, llevándoles felicidad y atención. El trabajo remunerado te dará de comer, pero el servicio altruista sana y alimenta tu espíritu.
Después de haber hecho un esfuerzo razonable por recuperar a la persona que amas, vuelca tu esfuerzo en tener amigos y amigas, sin buscar futuras parejas, sino que simplemente por cultivar la amistad. Procura interesarte en los demás sinceramente y busca actividades a compartir.
Cualquier día puede suceder que una de esas personas amigas se va transformando en tu nueva compañía en la vida. Cualquier día comenzarás a amar nuevamente y te darás cuenta que allí está la felicidad, que puedes ser más feliz que antes incluso, porque ahora hay más experiencia y madurez.
Nunca podrás olvidar a alguien, porque todo queda registrado en el fondo de tu mente. Recuerda a las personas que no están contigo en los momentos agradables que compartieron, no las culpes ni las reproches, ya que esto no te sirve para nada. No rehuyas el recuerdo de aquella persona, porque mientras más tratas de olvidarla, más se hace presente en tu mente. Si te encuentras con esa persona, enfréntala de manera natural, sin reproches ni exigencias. Si aquél restaurante te la recuerda, no huyas de él, sino que lleva a tus nuevas amistades a compartir allí mismo. Así el restaurante quedará asociado a otras personas. Hazlo así con todos los lugares que compartían.
Todas, todas las personas a quienes las dejó una persona amada, con el tiempo conocen a otra y vuelven a ser más felices. Esto sucede porque vuelven a amar. Esto sucederá contigo y mientras más pronto te liberes de culpas, remordimientos y miedos, más rápido sucederá contigo.
Después de este proceso liberador encontrarás un nuevo amor. Y a veces, en algunos pocos casos, te reencontrarás con tu amor anterior. Si ambos tuvieron un proceso de madurez, es posible rehacer una relación bajo nuevos términos. Pero si no sucede, bien también, porque tú habrás madurado y evolucionado encontrando otros amores en tu vida.AUTOR DESCONOCIDO

Si se han compartido muchos momentos de felicidad, la pérdida de la persona amada es devastadora.
Muchas personas intentan a cualquier precio recuperar a la persona amada. Esto puede conducir a humillaciones y a menoscabo de sí mismo. Este tipo de comportamiento no sólo consigue recuperar a la persona, sino que muy por el contrario, la aleja más todavía. Es posible que vuelva temporalmente, pero casi con toda seguridad volverá a irse después de provocar más sufrimiento todavía.
Para que una relación sea madura, estable y constructiva, ambos deben desear libremente tenerla.
Ante situaciones de alejamiento o separación hay solamente dos alternativas. Seguir humillándose o tratar de rehacer la vida.
La mayor felicidad está en tener a alguien a quien amar, antes que ser amado. Como ambos sucesos de dan simultáneamente, hay confusión en esto. Se piensa: “soy feliz porque el/ella me quiere”. Pero en realidad, debería decir: “soy feliz porque tengo a quien amar”. Darse cuenta de esto es un paso para la sanación. Es posible que sea difícil que alguien me quiera, pero hay en el mundo más de seis mil millones de personas que necesitan que las amen
Así pues, es conveniente buscar actividades en las cuales puedas volcar tu amor hacia la comunidad, hacia otras personas. Seguramente tienes cualidades, talentos y dones que puedes compartir con los demás, llevándoles felicidad y atención. El trabajo remunerado te dará de comer, pero el servicio altruista sana y alimenta tu espíritu.
Después de haber hecho un esfuerzo razonable por recuperar a la persona que amas, vuelca tu esfuerzo en tener amigos y amigas, sin buscar futuras parejas, sino que simplemente por cultivar la amistad. Procura interesarte en los demás sinceramente y busca actividades a compartir.
Cualquier día puede suceder que una de esas personas amigas se va transformando en tu nueva compañía en la vida. Cualquier día comenzarás a amar nuevamente y te darás cuenta que allí está la felicidad, que puedes ser más feliz que antes incluso, porque ahora hay más experiencia y madurez.
Nunca podrás olvidar a alguien, porque todo queda registrado en el fondo de tu mente. Recuerda a las personas que no están contigo en los momentos agradables que compartieron, no las culpes ni las reproches, ya que esto no te sirve para nada. No rehuyas el recuerdo de aquella persona, porque mientras más tratas de olvidarla, más se hace presente en tu mente. Si te encuentras con esa persona, enfréntala de manera natural, sin reproches ni exigencias. Si aquél restaurante te la recuerda, no huyas de él, sino que lleva a tus nuevas amistades a compartir allí mismo. Así el restaurante quedará asociado a otras personas. Hazlo así con todos los lugares que compartían.
Todas, todas las personas a quienes las dejó una persona amada, con el tiempo conocen a otra y vuelven a ser más felices. Esto sucede porque vuelven a amar. Esto sucederá contigo y mientras más pronto te liberes de culpas, remordimientos y miedos, más rápido sucederá contigo.
Después de este proceso liberador encontrarás un nuevo amor. Y a veces, en algunos pocos casos, te reencontrarás con tu amor anterior. Si ambos tuvieron un proceso de madurez, es posible rehacer una relación bajo nuevos términos. Pero si no sucede, bien también, porque tú habrás madurado y evolucionado encontrando otros amores en tu vida.AUTOR DESCONOCIDO
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